Proyecto de Ley Cielos Abiertos

El mundo se ha trasformado. Hoy es mucho más fácil comunicarse que hace dos décadas. La globalización ha puesto en nuestras manos herramientas que nos permiten analizar la información de modo que podamos tomar decisiones optimas al momento de adquirir un servicio. Seria precipitado afirmar categóricamente que nuestro país le perdió el rastro a la globalización, pero algunos síntomas deberían encender nuestras alarmas e invitarnos a reflexionar en qué parte del camino nos estamos desviando.

Es innegable el avance que el país ha venido experimentando en materia de conectividad física desde hace unos años. Las llamadas carreteras 4G han simplificado la vida nacional en la medida que han podido conectar grandes ciudades y han consolidado corredores que involucran a municipios más pequeños en las dinámicas económicas del país, pero otro hecho innegable es que solo hemos recorrido una parte del camino. Sucesos como el cierre de la vía Panamericana hace unos meses por la minga indígena y ahora el cierre de la vía al Llano fácilmente ponen en jaque la estabilidad económica del país. Es muy difícil encontrar otro país miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OC-DE) que un día encuentre en sus titulares de prensa que su territorio está desconectado por el cierre de una vía.

El sector real de la economía es el principal afectado por estos sucesos. Pequeños y medianos comerciantes ven cómo sus emprendimientos son amenazados cuando una manifestación social o una catástrofe natural los aíslan del resto del país. Esta situación continuará siendo así en tanto desde la política se sigan poniendo trabas al fortalecimiento de la competitividad en mercados que ofrezcan servicios de conectividad como el transporte aéreo.

En los países desarrollados los oferentes de rutas aéreas para cualquier destino suelen ser muchos, mientras que, en Colombia, contando con suerte, los destinos de menor frecuencia tienen dos. El interés del país debe estar enfocado en conectar aquellas zonas que se quedaron atrás en el camino del desarrollo, porque solo de esa manera es posible aprovechar al máximo las potencialidades que posee. Políticas contingentes, como el control de precios que se aplicó en días recientes en los tiquetes aéreos para viajar a Villavicencio, no son un buen precedente para atraer competidores a este mercado por cuanto estas suelen afectar las utilidades percibidas por las empresas y reducen los incentivos para que estas operen determinadas rutas.

Es necesario flexibilizar la estructura tributaria y legal de este mercado para promover las competitividades al interior del mismo, lo que redundará necesariamente en una mejora sustancial en los servicios ofertados a los viajeros y en una menor exposición a imprevistos que dificultan la comunicación terrestre. El proyecto de ley de cielos abiertos de Cambio Radical, del que soy coautor, es una buena iniciativa para superar el reto que supone la lucha contra los monopolios que hoy existen. Un primer paso ha sido la participación del Gobierno en financiar y promover aerolíneas de bajo costo, pero aún queda mucho por hacer. La inversión privada es fundamental para optimizar estos servicios a través de la competencia, pero antes deben ser mejoradas las condiciones para que nuevas empresas, sean nacionales o extranjeras, vean nuestro país como un terreno fértil para establecer negocios.