CELULARES EN AMBIENTES ESCOLARES: LA NECESIDAD DE NUEVAS REGLAS DE JUEGO

Por: Héctor Vergara Sierra

Semanas atrás, el presidente francés Emmanuel Macron, logró materializar una de sus más resonantes propuestas de campaña: la prohibición del uso de teléfonos móviles en los centros educativos. Esta iniciativa abrió la discusión en otros países sobre la pertinencia del uso de estos dispositivos (y otros afines) dentro de las instituciones educativas sin la existencia de un proceso pedagógico que sirva como mecanismo de adaptación idóneo de las nuevas generaciones a los cambios tecnológicos tan acelerados propios de las dos primeras décadas que han transcurrido del nuevo milenio. En Colombia, la discusión también está planteada y ya el Congreso de la República debe moverse en función de ello.

Este tema de los celulares, abre una discusión intergeneracional entre las nuevas juventudes y aquellos grupos poblacionales que vivieron su etapa educativa temprana con “rezago” tecnológico significativo de acuerdo con la realidad que hoy vivimos, dentro de los cuales encontramos a los llamados millenials (o “Generación Y”, nacidos entre 1981 y 1993) y las anteriores a esta. En esta categorización, la Generación Y representa un punto medio dentro del rango de aceptación del avance tecnológico dentro del proceso educativo, puesto que son una generación fuertemente marcada por el idealismo liberal que ha retomado preponderancia desde finales del siglo XX hasta la actualidad.

La discusión en Colombia se basa en la comparación en cuanto a eficiencia de los métodos educativos tradicionales y los nuevos paradigmas que ha planteado la globalización. Esta problemática se ha planteado en blanco y negro, lo cual no es conveniente desde ningún punto de vista para el desarrollo del país a partir de la educación. El exceso de libertad concedida a los estudiantes para el porte de dispositivos electrónicos inteligentes dentro de los colegios genera distracciones que entorpecen el proceso de aprendizaje, así como su completa prohibición hace más difícil el mismo. Ejemplos como el de Estados Unidos nos presenta un extremo de la situación, donde la excesiva libertad de la que gozan los alumnos en las instituciones educativas ha provocado tragedias ocasionadas por fenómenos como el cyber bullying, muy relacionado con el alcance que le otorga el porte de dispositivos inteligentes en estos espacios educativos. En la contraparte, casos como el de Corea del Norte donde el acceso a estos dispositivos no es solo restringido en los centros educativos sino en todos los espacios públicos y privados, han generado la completa alienación de sus ciudadanos.

Encontrar el punto medio entre las posturas enunciadas anteriormente se presenta como un reto para los encargados de hacer las leyes y para aquellos que administran los servicios educativos de nuestro país. Iniciativas como el Proyecto de Ley 151/18 de mi autoría y que radiqué en la Cámara de Representantes, busca facilitar y optimizar el proceso de adaptación de las nuevas generaciones a las posibilidades que ofrece el avance tecnológico, como celulares y demás dispositivos electrónicos conectados.

Existe una necesidad global de establecer prácticas pedagógicas que enseñen responsabilidad a las nuevas generaciones sobre el uso no solo de celulares y afines, sino también de cualquier servicio tecnológico ofertado. Colombia tiene retos por delante, ocasionados por la dinámica globalizadora del mundo, donde los avances tecnológicos y la educación son aspectos críticos para lograr estar a la altura de las prácticas que han llevado a un grupo selecto de países al desarrollo. Esta nueva realidad debe ir escalando poco a poco, agotar todas las etapas, más no desarrollarse sin ningún tipo de control por parte de las autoridades nacionales.